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Oro y púrpura

Como habrán reconocido los aficionados a la NBA, el título alude a los colores de los Lakers. Ambos, no pueden ser más adecuados para vestir al glamuroso equipo angelino. La exclusividad y el lujo que han mostrado siempre en la cancha aparecen representados ya en su indumentaria, al menos si atendemos al recorrido histórico y simbólico de estos colores y de los productos que los hacían posibles.

Hoy en día, una vez elegidos los tonos de una equipación, acudimos al tinte industrial adecuado y listo. Pero, ¿qué pasaría si tuviéramos que equipar a los Lakers en la Roma del siglo III, respondiendo estrictamente a ésos dos colores, oro y púrpura?

Aunque se conocían pigmentos amarillos más asequibles, para ser rigurosos podríamos recurrir al hilo de oro; en forma de lámina o enrollado sobre un hilo de lino o seda. En este caso, la cosa no ha cambiado demasiado, no es difícil imaginar el posible coste. Jugar como local nos saldría algo caro, ¿no? Pero, ¿y el púrpura?

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Desde el primer milenio antes de Cristo, y durante varios siglos, el principal artículo que distribuían en exclusiva los comerciantes fenicios era la púrpura, bajo la forma de los tejidos de lujo teñidos con ella. De hecho, el nombre de “fenicios” se lo dieron los griegos a sus comerciantes porque eran quienes vendían la púrpura (phóinix). En Roma se los conocía, a su vez, por nombres que aludían a las “ropas de púrpura”, símbolo de poder y riqueza.

El tinte se obtenía de la secreción de una glándula del murex brandaris, un caracol que se daba por entonces en la costa fenicia. Un kg de esa sustancia proporcionaba unos 60g de tinte; y, para teñir un kg de lana hacían falta unos 200g. Para obtener el kg de secreción, era necesario abrir, en vivo, unos 50.000 ejemplares.

Vale, pero… ¿y el precio? Pues en la época de Diocleciano (284-305 d.C.) -nuestros Lakers podrían jugar frente a él en el Coliseo- , por un gramo del tinte puro se pagaban entre diez y veinte gramos de oro.

Ante este panorama, aún antes de fichar al Kobe Bryant de la época, ya habríamos fundido un presupuesto imperial.

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