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Realidad aumentada

A vueltas con el asunto de la representación de la realidad, hace algo más de dos meses abría mi post con esta pregunta: ¿muestra la fotografía una copia fiel de la realidad? Me servía de una foto de Michiko Kon (Sepia y zapatilla 1990) para enredar acerca de cómo vemos el mundo a través de nuestros ojos. Después de este tiempo de reflexión, con ánimo de despejar algunas dudas y de remover a algunos de los que crean no tenerlas, transcribo a continuación esta historia narrada por el antropólogo Rodney Needham.

<<Se cuenta – no recuerdo la fuente – que a Picasso una vez se le reprochó que distorsionara los rasgos humanos haciéndolos irreconocibles. El crítico sostenía que el retrato debería parecerse a la persona retratada. Picasso, que no estaba de acuerdo, sugirió que el asunto no era tan simple; la idea de parecerse exactamente a algo era un poco más complicada que lo que suponía su interlocutor. Entonces el crítico sacó una fotografía de su cartera, se la mostró a Picasso y le dijo: ”Ahí tiene. Ésa es mi mujer y ése es su aspecto”. Picasso miró cuidadosamente esa pequeña imagen y preguntó, insinuando sorpresa: “¿Es exactamente así?”. El crítico confirmó confiadamente que ése era exactamente su aspecto. “Hmmm”, dijo Picasso, “¿no es un poco pequeña?”>>

El malagueño, con su genialidad habitual -dentro y fuera del lienzo-, evidenciaba así que no es posible calcar la realidad, que la forma estética es ya una interpretación.

Picasso

Algo similar le ocurrió en otra ocasión, o tal vez fuera la misma; ante las protestas de un cliente al no parecerse el retrato a la modelo, el autor del Guernica replicó: “No se preocupe, ya se parecerá”. Cosas de una mirada que iba mucho más allá de lo evidente. La de alguien que con catorce años pintaba como Rafael y cuyo sueño era acabar dibujando como un niño.