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Tommy Hilfiger

Tommy Hilfiger es una de las grandes referentes del american taste. La emblemática bandera tricolor de la marca ha sido acogida por la estética preppy y por el hip-hop de los 90, logrando un recorrido de lo más particular.

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Los primeros pasos de Thomas Hilfiger

Allá por los años 90, solo unas pocas figuras de la industria demostraron interés en trabajar con personalidades influyentes fuera del ámbito del deporte profesional. Y aún fueron muchas menos las que entendieron su importancia como lo hizo Thomas ‘Thommy’ Hilfiger: el hombre detrás de la marca que presume de uno de los mayores éxitos en el fashion system de los años 90. El recorrido de Hilfiger en el mundo de la moda comenzó en 1969, cuando con solo 17 años el neoyorquino viajó a Cape Cod, Massachusetts. Junto a siete amigos, Hilfiger alquiló un apartamento para pasar el verano y pronto terminó trabajando en una tienda de ropa local. Ese mismo año, nació su interés por el diseño de moda. Así, de forma extraoficial, creó la primera colección de su marca de ropa en su ciudad natal de Elmira. En 1971 y con un total de 150$ a su nombre, Hilfiger tomó la decisión de abrir su primera tienda, People’s Place. En un principio tuvo bastante éxito, pero el triunfo duraría poco. Su empresa se vino abajo en 1977, dejando a Hilfiger en bancarrota con 23 años.

La consolidación de un imperio

Desanimado y derrotado, Hilfiger dio un paso atrás tras la quiebra de People’s Place. Pero en 1984, después de haber demostrado su talento en ese océano de tiburones que es la industria de la moda de la ciudad de Nueva York, por fin llegó la gran oportunidad a la vida de Hilfiger. Un empresario llamado Mohan Murjani le ofreció lanzar una línea de ropa deportiva masculina bajo su propio nombre.

Años más tarde, el diseñador encontró un nuevo patrocinador financiero en Silas Chou, el hijo del fundador de uno de los mayores fabricantes de géneros de punto de Hong Kong. Como parte de este gran cambio, los antiguos ejecutivos de Ralph Lauren se unieron para liderar la marca y la nueva Tommy Hilfiger escaló a una velocidad vertiginosa. En 1995, Hilfiger fue nombrado Diseñador de Ropa Masculina del Año por el Consejo de Diseñadores de Moda de América, pero el verdadero éxito de su marca vino de los hilos que se tejían entre bastidores.

Estatus de Superestrella

Inspirado por su pasión por el rock&roll, Hilfiger se aseguró de que su marca, bajo su nueva estructura, estuviera estrechamente vinculada a la industria de la música. Durante los años 90, la marca patrocinó giras musicales para multitud de artistas, desde Britney Spears hasta Pete Townshend de The Who. Sin olvidarnos de una variopinta lista de estrellas de un amplio espectro musical que trabajaron con la marca o fueron vestidas por ella. El compromiso con artistas top de la escena cultural se había convertido en un punto clave de la estrategia de la firma. Pero el núcleo de su éxito fue la firme fe de Hilfiger en la magia de las colaboraciones entre marcas y personalidades, siendo el diseñador un gran defensor de que la firma solo debe guiar y ejecutar las ideas de un artista, y no forzar un resultado concreto a través de presiones o mecanismos persuasivos. Al mismo tiempo que trabajaba con estrellas del pop reconocidas, la marca de Hilfiger, innegablemente preppy, se convirtió contra todo pronóstico en un éxito dentro de la comunidad hip-hop.

Su atractivo urbano se consolidó con la aparición de su nombre en el single de Grand Puba de 1992 ‘What’s the 411?’, que rápidamente atrajo la atención de Hilfiger. Pronto, comenzó a regalar algunas prendas de la marca a diferentes hiphoperos, que se sintieron atraídos por el uso de colores brillantes y por el branding oversized de la marca. La difunta leyenda del R&B Aaliyah apareció en una campaña de Tommy Hilfiger en 1995, y más tarde se convirtió en embajadora de la marca.

También fue en aquella época cuando los desfiles de Tommy Hilfiger se convirtieron en espectáculos repletos de estrellas que vieron al líder de la banda Treach interpretando ‘Hip Hop Hooray’ junto a Kate Moss en la pasarela. En el terreno de la moda de los 90, pocas marcas, si es que hay alguna, pueden rivalizar con el éxito de Tommy Hilfiger. La firma se convirtió en la verdadera encarnación del sueño americano a partir de unos principios de sinceridad y autenticidad. La gente no vestía Tommy porque se les pagara para que lo hicieran: lo vestían porque querían.